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Abelardo de la Espriella: el candidato que llamó ignorante a Malu, hizo un chiste sexual ante otra periodista y ahora enfrenta una crisis de imagen que él mismo fabricó
En 48 horas, el abogado y candidato presidencial protagonizó dos incidentes con mujeres periodistas que encendieron las redes, movilizaron a sus rivales y abrieron un debate urgente sobre hasta dónde el humor y la confrontación pueden usarse como estrategia política antes de volverse un bumerán.
El 11 de mayo de 2026, Abelardo de la Espriella protagonizó dos incidentes en el mismo día: llamó ignorante a Malú Fernández de Noticias Caracol durante una entrevista, y en otro programa radial mostró una foto de campaña sugerente insinuando que había ganado votos femeninos por el «tamaño de su miembro». Ambos episodios se viralizaron en pocas horas y generaron reacciones de periodistas, políticos y ciudadanos en toda Colombia.
- En entrevista con Malu Fernandez (Noticias Caracol), la periodista le preguntó sobre su frase «la ética no tiene que ver con el derecho». Él la acusó de formular la pregunta «con veneno» y la tildó de ignorante.
- Horas después, en el programa radial «Piso 8», mostró una foto de campaña sugerente y preguntó a una periodista «¿que ves aqui, cariño?», insinuando que sus votos femeninos se explican por su anatomía.
- El hashtag «Con Malu no» se volvió tendencia nacional. Periodistas como Vicky Dávila y Néstor Morales lo condenaron.
- Paloma Valencia, candidata rival, fue la única figura política que respondió públicamente, pidiendo respeto hacia las mujeres periodistas.
- Estudios de PNUD y OEA indican que candidatos con historial misógino pueden perder entre 15 y 20 por ciento de apoyo femenino tras este tipo de escándalos.
Incidente 1: «La ignorancia es atrevida» — el ataque a Malú Fernández
La entrevista del 11 de mayo en Noticias Caracol comenzó como un ejercicio periodístico completamente válido: la periodista María Lucía Fernández, conocida como Malú, le recordó al candidato una frase que él mismo había dicho en el pasado: «la ética no tiene que ver con el derecho». La pregunta era directa y legítima: si eso es lo que piensa, cómo gobernaría un país donde la ética pública es uno de los debates más urgentes.
La respuesta de De la Espriella no fue una defensa filosófica. Fue un ataque personal. Acusó a Malú de hacer la pregunta «con veneno», dijo que ella ignoraba la filosofía del derecho «por falta de formación» y cerró con una frase que se convirtió en el clip más compartido del día: «la ignorancia es atrevida».
El problema no era sólo el contenido de la frase. Era el tono, la condescendencia y el blanco elegido: una periodista con años de trayectoria, reconocida en Colombia, haciendo su trabajo frente a cámaras en un programa de alcance nacional. Atacarla no solo fue un error de cálculo político. Fue, para muchos colombianos que lo vieron, una muestra de cómo este candidato reacciona cuando se siente cuestionado.
Incidente 2: la foto sugerente y el «¿qué ves aquí, cariño?»
Si el primer incidente podía tener alguna lectura generosa como debate filosófico mal explicado, el segundo no le deja esa salida. En el programa radial «Piso 8», tambien el 11 de mayo, De la Espriella mostró ante cámara una foto de un evento de campaña y comenzó a presionar a la presentadora para que describiera lo que veía.
La insinuación era explícita: el candidato sugerías que había ganado votos femeninos gracias al «tamaño de su miembro» visible en la imagen. Mientras la periodista evadía la respuesta, él insistía: «¿Qué ves aquí, cariño? Acércala… ¿qué más ves?», acompañando las preguntas con comentarios sobre «implantes» y «silicona».
El video se viralizó en minutos. No porque fuera gracioso, sino porque era exactamente el tipo de comportamiento que miles de mujeres colombianas reconocen en sus espacios de trabajo: el superior que hace el «chiste», te llama «cariño» y cuando protestas te dice que no tienes sentido del humor.
En un contexto electoral donde el voto femenino puede ser decisivo, usar la sexualidad propia como argumento de campaña mientras se presiona a una periodista en vivo es, como mínimo, una lectura catastróficamente errada del momento que vive Colombia.
Las 48 horas que cambiaron su campaña: cronología del escándalo
Las reacciones: periodistas, políticos y la calle
Lo que siguió a los dos incidentes dejó en evidencia algo importante: el rechazo no vino solo de sectores que ya eran críticos del candidato. Vino de periodistas de distintas líneas editoriales, de una rival política de derecha como Paloma Valencia y de ciudadanos comunes que compartieron los clips con una sola palabra en la descripción: «inaceptable».
El debate de fondo: ética y derecho no son lo mismo, pero tampoco son enemigos
Más allá del escándalo mediático, la pregunta de Malú era filosóficamente válida y merecía una respuesta seria. Cuando De la Espriella dijo en su momento que «la ética no tiene que ver con el derecho», estaba invocando una distinción real que existe en la filosofía jurídica: la ley y la moral son sistemas normativos distintos. Algo puede ser legal sin ser ético, y algo puede ser ético sin estar legislado.
Esa distinción tiene sentido académico. El problema es cómo la usa el candidato y en qué contextos la ha invocado: cuando se le pregunta por conductas de figuras politicas cuestionadas. En ese uso, la frase deja de ser filosofía y se convierte en un argumento para exonerar comportamientos que pueden ser legales pero moralmente reprochables.
- Son sistemas distintos: La ética regula conductas por convicción interna o presión social. El derecho lo hace mediante normas coercitivas del Estado.
- Pero no son independientes: El derecho se inspira históricamente en principios éticos. La Corte Constitucional colombiana ha modulado normas validas apelando a la justicia moral.
- El argumento de De la Espriella tiene una trampa: Decir que «la ética no tiene que ver con el derecho» en abstracto es aceptable. Usarlo para defender politicos cuestionados es otra cosa.
- Lo ético no siempre es legal, y viceversa: La esclavitud fue legal. El altruismo anónimo no es obligatorio por ley. Esa tensión es exactamente la que hace que la pregunta de Malú fuera pertinente.
Responder esa pregunta con altura filosófica habría mostrado a un candidato preparado y seguro. Responderla atacando a quien la hace mostró exactamente lo contrario.
Hasta dónde el humor es una estrategia y desde dónde se convierte en un problema
Abelardo de la Espriella ha construido parte de su imagen pública sobre una personalidad provocadora, directa y dispuesta a romper las reglas no escritas del protocolo político colombiano. En un país donde la política suele hablar en eufemismos, ese estilo tiene un mercado real. Hay votantes que lo valoran.
El problema no es el humor en sí. El problema es cuando el humor se ejerce desde una posición de poder hacia alguien con menos poder en ese contexto, cuando el blanco del chiste es una mujer haciendo su trabajo y cuando el contenido del chiste es sexual y condescendiente.
| Tipo de humor político | Efecto en campaña | Ejemplo |
|---|---|---|
| Autocritica o ironia inteligente | Positivo: humaniza al candidato, genera simpatía | Reírse de los propios errores o de los rituales absurdos de la política |
| Humor sobre adversarios politicos | Neutral a positivo según el contexto y la forma | Crítica con ingenio a programas de gobierno rivales |
| Humor condescendiente hacia periodistas | Negativo: genera percepción de prepotencia y falta de respeto a la prensa | «La ignorancia es atrevida» a una periodista reconocida |
| Humor sexual hacia mujeres en contexto laboral | Muy negativo: activa rechazo masivo, sobre todo en votantes jóvenes y mujeres | Foto sugerente + «¿qué ves aquí, cariño?» en un programa de radio |
El humor político eficaz apunta hacia arriba: se ríe del poder, de las instituciones, de uno mismo. El humor que apunta hacia abajo, hacia quien tiene menos poder en ese momento, no genera simpatia. Genera incomodidad, rechazo y la certeza de que esa persona no sabe leer la sala.
Un patrón que ya tiene historia: esta no es la primera vez
Lo que hace que estos dos incidentes sean especialmente graves no es que sean aislados. Es que forman parte de un patrón documentado de roces del candidato con la prensa, especialmente con mujeres periodistas. Cada episodio por separado podría leerse como un mal día o una respuesta impulsiva. La acumulación los convierte en una postura.
- Entrevista con Malú Fernández (Noticias Caracol): la llama ignorante en vivo por hacer una pregunta legítima.
- Programa Piso 8: comentarios sexuales ante una periodista con foto sugerente, llamándola «cariño».
- Contexto previo documentado de confrontaciones con medios que lo cuestionan.
- Ausencia de disculpa o comunicado oficial de campaña en ambos casos.
El impacto electoral: números que deberían preocupar a su equipo de campaña
En un contexto electoral donde los márgenes pueden ser estrechos y donde el voto femenino es uno de los más activos y organizados, alienar sistemáticamente a las mujeres no es solo un problema ético. Es un cálculo político catastrófico.
- Una disculpa pública clara, directa y sin el «si alguien se ofendió» que no es una disculpa real.
- Un pronunciamiento de campaña que reconozca el error sin convertirlo en ataque a los medios.
- Cambios visibles en el tono de las entrevistas siguientes para demostrar que el mensaje llegó.
- Separarse del argumento de que la crítica es «censura de izquierda» o «persecución mediática», que solo profundiza la crisis.
Conclusión: el candidato que más se dañó a sí mismo en un solo día
Abelardo de la Espriella es un abogado inteligente, con trayectoria, con una capacidad oratoria real y con un estilo que le funciona en ciertos auditorios. Nada de eso desaparece por lo que ocurrió el 11 de mayo. Pero lo que ocurrió el 11 de mayo sí tiene el potencial de definir cómo una parte importante de Colombia lo recuerda cuando llegue el momento de votar.
En política, la imagen es acumulativa. Cada incidente no borra al anterior: se suma. Y la suma de llamar ignorante a una periodista reconocida y hacer un chiste sexual ante otra en el mismo día no es la suma de un candidato provocador y auténtico. Es la suma de alguien que no sabe o no quiere controlar la forma en que ejerce su poder frente a quienes tienen menos en ese momento.
Colombia tiene elecciones. Y los colombianos, especialmente las colombianas, tienen memoria.





