Iván Cepeda: trayectoria, coherencia y propuestas en segunda vuelta 2026

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Trayectoria, coherencia y propuestas de Iván Cepeda, candidato presidencial en la segunda vuelta de 2026.

Elecciones Colombia 2026 · Perfil y trayectoria

Iván Cepeda: la trayectoria del candidato que llevó a Uribe a juicio y busca llegar a la Casa de Nariño

Iván Cepeda llega a la segunda vuelta presidencial de 2026 con tres décadas de trayectoria en derechos humanos, paz y confrontación judicial con Álvaro Uribe. Repasamos su historia, los puntos donde su discurso y sus actos han sido más o menos consistentes, y lo que distintos sectores anticipan de un eventual gobierno suyo.

Quién es y de dónde viene

Iván Cepeda Castro tiene 63 años y es sociólogo y filósofo de formación, con estudios en Bulgaria centrados en pensamiento crítico, ciencias sociales y derecho internacional humanitario. Su biografía está marcada por un hecho que él mismo ha señalado como fundacional: su padre, Manuel Cepeda Vargas, dirigente de la Unión Patriótica, fue asesinado en 1994 en medio del exterminio sistemático de ese partido de izquierda. Según relató él mismo, el momento en que se topó con la escena del crimen de su padre lo convenció de que su propósito esencial sería buscar justicia.

Antes de entrar a la política electoral lideró el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice) y escribía una columna en El Espectador. Llegó a la Cámara de Representantes en 2010 y luego al Senado, primero por el Polo Democrático Alternativo y después por el Pacto Histórico. En el Congreso ha sido uno de los arquitectos de la política de «Paz Total» del gobierno de Gustavo Petro y facilitador de los diálogos con el ELN desde 2015, además de haber sido clave en el proceso que llevó al Acuerdo de Paz con las FARC en 2016.

En resumen:
  • Sociólogo y filósofo, hijo de un dirigente de la UP asesinado en el marco del exterminio de ese partido en los años 80 y 90.
  • Tres décadas de trabajo en derechos humanos, memoria histórica y procesos de paz.
  • Protagonista del proceso judicial más mediático contra Álvaro Uribe, que terminó en condena en primera instancia y absolución en segunda.
  • Candidato del Pacto Histórico, heredero declarado del proyecto político de Gustavo Petro, en segunda vuelta contra Abelardo de la Espriella.

Lo bueno: lo que destacan quienes lo respaldan

La principal fortaleza que le reconocen incluso analistas no necesariamente afines a su proyecto político es la coherencia ideológica y el manejo de la agenda de paz, construida durante años de trabajo legislativo consistente en esos temas, no improvisado de cara a una campaña. A diferencia de otros candidatos, Cepeda no llegó a la política como una reinvención tardía: desde antes de ser congresista ya trabajaba en los mismos temas —derechos humanos, víctimas, paz— que hoy defiende como bandera presidencial.

Sus seguidores también destacan que ha sostenido el mismo señalamiento contra Uribe durante más de una década, desde el debate de control político de 2011 hasta el juicio que terminó en una condena en primera instancia en julio de 2025. Esa persistencia, dicen, es prueba de convicción y no de cálculo político, y se refuerza con el hecho documentado de que fue el propio Uribe quien denunció primero a Cepeda ante la Corte Suprema, y fue esa denuncia la que terminó abriendo el proceso en su contra.

Lo cuestionable: las críticas que enfrenta

La debilidad que señalan con más frecuencia los análisis de su perfil electoral es la percepción de «polarizador» y la falta de gestión administrativa: Cepeda nunca ha ocupado un cargo ejecutivo ni ha gobernado una entidad territorial, algo que sus críticos consideran un vacío relevante para aspirar al cargo ejecutivo más alto del país.

También enfrenta críticas por su rol como uno de los principales defensores del gobierno de Gustavo Petro frente a los escándalos de corrupción que han salpicado a la coalición de gobierno, lo que algunos sectores describen como un papel de «escudero» político más que de control independiente, en aparente tensión con su historial como congresista de oposición y fiscalizador de gobiernos anteriores.

El otro frente de cuestionamiento es judicial: el 21 de octubre de 2025 el Tribunal Superior de Bogotá absolvió a Uribe en segunda instancia, revocando la condena de doce años de detención domiciliaria que había dictado la jueza de primera instancia. Cepeda, reconocido como víctima en el proceso, rechazó la decisión y anunció un recurso de casación ante la Corte Suprema, argumentando que se ignoraron pruebas sustanciales como las interceptaciones entre Uribe y su abogado Diego Cadena, este último condenado por hechos relacionados con el mismo caso. El propio procurador encargado del Ministerio Público había señalado antes, durante los alegatos, una falta de coherencia entre los hechos planteados y la acusación, una observación que los sectores críticos de Cepeda usan para cuestionar la solidez del caso que él mismo impulsó durante más de una década.

¿Es coherente? Lo que dice su trayectoria frente a su discurso actual

A diferencia de otros candidatos que han dado giros discursivos notorios, el caso de Cepeda es distinto: su crítica recurrente no es la incoherencia ideológica, sino la tensión entre su histórico rol de fiscalizador independiente y su posición actual como aliado cercano del poder de turno.

En el plano ideológico hay continuidad real: desde el Movice hasta el Senado, pasando por la facilitación de los acuerdos de paz, su agenda de derechos humanos, justicia transicional y crítica al paramilitarismo se ha mantenido sin grandes variaciones por más de veinte años. Esa consistencia es, probablemente, su activo político más sólido frente al electorado que lo respalda.

Donde aparece la tensión es en el ejercicio del poder reciente. Cepeda construyó su carrera pública como un contrapeso frente al Estado y los gobiernos de turno —denunciando crímenes de Estado, cuestionando a Uribe, exigiendo verdad sobre el paramilitarismo—. Hoy, como senador oficialista y candidato heredero del proyecto de Petro, su papel ha sido más el de defensor de un gobierno cuestionado por escándalos de corrupción que el de fiscalizador independiente que lo hizo conocido. No es necesariamente una contradicción insalvable —muchos políticos pasan de la oposición al oficialismo sin abandonar sus convicciones— pero sí es el punto que sus críticos usan con más fuerza para cuestionar si mantendría, desde la Presidencia, el mismo estándar de control que exigió durante años desde el Congreso.

Sobre el caso judicial contra Uribe, la coherencia debe leerse con matices: la condena en primera instancia validó buena parte de lo que Cepeda denunció durante catorce años, según la jueza que valoró como coherente el testimonio central del caso. La absolución posterior en segunda instancia no necesariamente invalida esa consistencia argumental sostenida en el tiempo, pero sí deja el proceso judicial abierto y sin una verdad jurídica definitiva, algo que ambos bandos —el de Cepeda y el de Uribe— interpretan de forma opuesta mientras el caso sigue su curso en la Corte Suprema.

Dimensión Lo que sostienen sus seguidores Lo que sostienen sus críticos
Agenda de derechos humanos y paz Veinte años de trabajo consistente, no improvisado por la campaña La «Paz Total» del gobierno que impulsó no ha dado los resultados prometidos
Caso judicial contra Uribe Persistencia de catorce años, validada en primera instancia Terminó en absolución y la Procuraduría cuestionó la coherencia del caso
Rol frente al gobierno Petro Lealtad a un proyecto político que comparte de fondo Pasó de fiscalizador a «escudero» frente a escándalos de corrupción
Experiencia de gobierno Compensa con experiencia legislativa y de facilitación de procesos complejos Nunca ha gestionado una entidad ejecutiva ni un presupuesto público
Cepeda no cambió de bando ideológico con los años; lo que cambió fue su posición frente al poder, y eso plantea una pregunta distinta a la de otros candidatos: no si es coherente con sus ideas, sino si seguirá ejerciendo el mismo control que exigía cuando estaba del otro lado.

Cómo podría ser un eventual gobierno suyo

Su candidatura representa, para buena parte de los analistas, la continuidad del proyecto progresista iniciado por Petro en 2022, con énfasis declarado en la profundización de la «Paz Total», la reforma agraria, la protección ambiental y el fortalecimiento del Estado social. Su fórmula vicepresidencial, la lideresa indígena y senadora Aida Quilcué, busca consolidar el respaldo de minorías étnicas y movimientos sociales de base, una señal de hacia dónde apuntaría la composición de un eventual gabinete.

Los riesgos que señalan sus críticos son, sobre todo, dos: la falta de experiencia ejecutiva en un momento en que el país necesita gestión de resultados, y el antecedente de un gobierno Petro que terminó con varios escándalos de corrupción en su coalición sin que figuras cercanas, incluido Cepeda, ejercieran un control político tan firme como el que el propio Cepeda exigió en su momento frente a otros gobiernos. La pregunta que plantean no es retórica: ¿gobernaría con el mismo estándar de exigencia que aplicó durante años como opositor, o replicaría la lógica de lealtad de bloque que ha mostrado en el actual gobierno?

Sus simpatizantes, en cambio, ven en su perfil la garantía de continuidad de una agenda de paz que consideran inconclusa, y confían en que su perfil negociador —forjado en años de diálogos con el ELN y las FARC— sería un activo, no un obstáculo, para gestionar un país todavía atravesado por conflictos armados activos en varias regiones.

Lo que dicen los analistas políticos

Los perfiles periodísticos más extensos sobre su figura coinciden en describirlo como una víctima del Estado convertida en filósofo de la política, convencido de que la verdad sobre los crímenes del establecimiento es la base de una transformación ética del país. Esa lectura ayuda a entender la lógica interna de su proyecto: para Cepeda, la paz y la justicia transicional no son temas de campaña sino el eje que ha organizado toda su vida pública desde el asesinato de su padre.

Conclusión

Iván Cepeda llega a la segunda vuelta con uno de los perfiles más consistentes ideológicamente de la contienda: décadas defendiendo la misma agenda de derechos humanos y paz, sin grandes giros discursivos. Esa coherencia de fondo es su principal capital político. Pero el ejercicio real del poder —primero como senador oficialista y, eventualmente, como presidente— ha puesto a prueba una coherencia distinta: la de mantener el mismo estándar de control y exigencia que aplicó durante años desde la oposición, ahora que está del lado del gobierno. Si logra sostener ese estándar al interior de su propio proyecto político es, probablemente, la pregunta más relevante para entender qué tipo de mandato tendría si llega a la Presidencia.

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Laura Méndez
Laura Méndez
Laura escribe desde la empatía y el conocimiento. Psicóloga y narradora natural, sus textos sobre salud mental se sienten como un respiro. Con lenguaje sencillo y una calidez única, combina datos científicos con historias humanas. Ideal para lectores que buscan entenderse, sanar y sentirse acompañados.
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