Casarse engorda: la ciencia confirma el mito con datos

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Un estudio confirma que casarse triplica el riesgo de obesidad en hombres. Y lo más inquietante: las parejas más felices son las que más kilos ganan. La ciencia explica por qué y cómo evitarlo.

Salud & Pareja · La ciencia lo confirma

Casarse engorda: la ciencia confirma el mito y revela algo más inquietante aún — las parejas más felices son las que más kilos acumulan

Un estudio presentado en el Congreso Europeo sobre la Obesidad encontró que el matrimonio triplica el riesgo de obesidad en los hombres y aumenta un 39% la probabilidad de sobrepeso en las mujeres. Otra investigación con 169 parejas fue aún más directa: «las más felices fueron las que más kilos cogieron». No es que el amor sea malo. Es que el amor cómodo cambia los hábitos de forma silenciosa y sostenida. Aquí, por qué ocurre y cómo evitarlo.

El estudio que le dio base científica a lo que todos sospechaban

El refrán popular «casarse engorda» lleva décadas circulando en familias colombianas, cenas de domingo y chistes de cuñadas. Pero en 2025 dejó de ser solo refrán. Un análisis de los datos médicos de 2.405 personas con una edad media de 50 años arrojó resultados que confirman el mito popular: el matrimonio triplica el riesgo de obesidad, aunque solo en los hombres. En lo que respecta al sobrepeso, el matrimonio aumenta un 62% la probabilidad de engordar en el caso de los hombres y un 39% para las mujeres.

El dato de los hombres es contundente. Pero lo que más llama la atención de la investigación es lo que aparece cuando se analiza por separado el caso de las mujeres: no se observó un riesgo mayor de obesidad en las esposas en términos generales. Para ellas, el factor que sí aumentaba el riesgo fue la depresión. En otras palabras, ellas no engordan igual por el matrimonio en sí, sino que enganchan el aumento de peso con el estado emocional dentro de la relación.

A ese estudio se suma uno aún más revelador realizado con 169 parejas estadounidenses: las más felices fueron las que más kilos cogieron, las más insatisfechas con su pareja se mantuvieron en su peso ideal. Y otro con 8.000 jóvenes norteamericanos durante cinco años que encontró que los hombres casados acumulan en promedio casi 14 kilogramos y las mujeres casadas 11, comparado con los 11 y los 7 de quienes permanecen solteros, respectivamente.

Los datos clave

  • El matrimonio triplica el riesgo de obesidad en los hombres.
  • Las mujeres casadas tienen un 39% más de probabilidad de sobrepeso que las solteras.
  • En un estudio con 169 parejas, las más felices fueron las que más engordaron.
  • Las mujeres casadas suman en promedio 4 kilos más de lo que ganarían estando solteras en el mismo período.
  • Los hombres casados suman en promedio casi 3 kilos más que sus pares solteros.
  • Para las mujeres, el factor que más predice el aumento de peso en el matrimonio no es la relación sino la depresión dentro de ella.

¿A más felicidad, más kilos? El fenómeno que la ciencia explica

El dato de que «las parejas más felices engordan más» resulta paradójico a primera vista, pero tiene una explicación muy lógica cuando se analiza desde la psicología del comportamiento.

«Una de nuestras motivaciones primitivas es la de lucir bien para atraer una pareja, es por ello por lo que nuestros hábitos de vida cuando estamos solteros y en busca de una relación son más conscientes», explica la nutricionista. Desde el plano físico, enamorarse desencadena una tormenta neuroquímica en el cerebro que activa regiones relacionadas con el placer, la motivación y el apego. Debido a la liberación de dopamina y oxitocina, buscamos más el placer en la comida con alimentos más azucarados, grasos y sabrosos.

«Entrar en el matrimonio significa entrar en una zona de confort. Ya no te preocupa estar soltero para siempre y eres realmente feliz con tu pareja. Te sientes a gusto, seguro y querido. No solo aumenta tu calidad de vida, sino también tu apetito.» La persona que antes hacía ejercicio cinco veces por semana porque quería verse bien para citas, ahora ya tiene pareja estable. La motivación estética externa desaparece. La vida social se orienta hacia planes gastronómicos compartidos. Y el cuerpo acumula lo que la satisfacción emocional habilita.

«Las parejas más felices fueron las que más kilos cogieron, las más insatisfechas con su pareja se mantuvieron en su peso ideal.»
— Investigación del Centro Nacional de Biotecnología de la Información, 169 parejas estadounidenses

Las razones reales detrás del aumento de peso en pareja

Detrás de las cifras hay causas concretas que los especialistas en nutrición y psicología identifican con consistencia:

1. La zona de confort: ya no hay que impresionar a nadie

Cuando se está soltero, el cuerpo es también una carta de presentación. El gimnasio, la ropa, la alimentación cuidada tienen una carga social y de atractivo que actúa como motivador externo. Al encontrar pareja estable y sentirse amado incondicionalmente, esa presión desaparece. La persona deja de necesitar ese nivel de autoexigencia estética y el cuerpo responde a ese relajamiento con calma y consistencia. Las parejas que se sienten seguras, queridas y felices son más propensas a engordar en su matrimonio.

2. El efecto contagio: los hábitos se comparten

La idea que se desprende de los estudios es el efecto contagio que existe en las parejas, ya que es habitual que si un miembro engorda también lo hará el otro debido a que comparte hábitos. Los especialistas han destacado que la obesidad es socialmente contagiosa no solamente dentro de la pareja sino que el frecuentar a amigos con sobrepeso eleva hasta en un 60% el riesgo de presentarlo. Si uno de los dos tiene el hábito de pedir domicilio los viernes, el otro lo adopta. Si uno come tarde, el otro también empieza a comer tarde. La convivencia unifica los patrones de comportamiento alimenticio, y esa unificación tiende hacia el promedio entre los dos o, con más frecuencia, hacia el hábito más permisivo de los dos.

3. La vida social de pareja se centra en la comida

Todos sabemos que, como algo casi cultural, nos gusta celebrar todo compartiendo comida y bebida con la gente que nos importa. Las reuniones familiares, los cumpleaños, las celebraciones de pareja, las salidas del fin de semana: casi todos los planes sociales de las parejas casadas tienen un componente gastronómico central. Las porciones son más grandes cuando se come en compañía, el alcohol es frecuente, los postres se comparten. Y todo eso ocurre con mucha más regularidad que cuando se vivía solo.

4. La llegada de los hijos: el factor que más peso suma

Existen muchos factores para que el aumento de peso se evidencie y que puede estar emparentado con el matrimonio, las responsabilidades y sobre todo la crianza de niños. La mujer soltera acostumbrada a atenderse solo a ella, que disponía de su tiempo para ir al gimnasio y practicar un deporte, ve cómo esa posibilidad desaparece cuando tiene hijos. Esta sobrecarga de roles hace que se desatienda, deje de practicar deporte, se alimente mal y viva con más estrés y obligaciones que contribuyen al sobrepeso. Para los hombres el mecanismo es ligeramente diferente: la responsabilidad económica adicional genera estrés, el estrés genera cortisol, y el cortisol favorece la acumulación de grasa abdominal.

5. La falta de sueño y el cortisol de la vida en familia

La falta de sueño es un hecho entre las parejas casadas con hijos. No dormir lo suficiente influye en los cambios hormonales del cuerpo y acaba aumentando el apetito. Ganar peso se convierte en el resultado directo de no dormir lo suficiente. La privación de sueño eleva los niveles de grelina (la hormona del hambre) y reduce los de leptina (la hormona de la saciedad). El cuerpo cansado busca energía rápida en azúcares y carbohidratos refinados, exactamente los alimentos que más contribuyen al aumento de peso.

¿Por qué afecta más a los hombres que a las mujeres?

La diferencia de género en los resultados del estudio no es casual. Tiene una explicación que los especialistas han identificado con claridad: en muchas culturas, incluida la colombiana, la mujer mantiene más vigilancia sobre su alimentación y apariencia incluso dentro del matrimonio, en parte por la presión social y en parte porque suele ser quien gestiona la alimentación familiar. Los hombres, en cambio, tienden a «delegar» más en su pareja la planificación de comidas y a reducir de forma más drástica la actividad física una vez que tienen una vida doméstica establecida.

Para las mujeres, el factor crítico no es el matrimonio en sí sino la satisfacción dentro de él: las que están felices tienden a relajar sus hábitos de la misma manera que los hombres. Las que están insatisfechas o deprimidas presentan un patrón diferente, con mayor vigilancia del peso por un lado y mayor riesgo de atracones emocionales por el otro.

Causa del aumento de peso Impacto en hombres Impacto en mujeres
Zona de confort y pérdida de motivación estética Muy alto Moderado
Efecto contagio de hábitos de la pareja Alto Alto
Reducción de actividad física Muy alto Alto
Depresión o insatisfacción conyugal Moderado Muy alto
Vida social centrada en comida Alto Alto
Falta de sueño por hijos Moderado Alto

Cómo evitarlo: consejos prácticos que no implican reñir ni vigilarse mutuamente

La solución al problema no pasa por la vigilancia mutua ni por el control del plato del otro. Eso genera conflicto, resentimiento y exactamente el tipo de insatisfacción conyugal que la investigación asocia con sus propios patrones de peso problemáticos. La clave está en construir hábitos compartidos que sean saludables, agradables y sostenibles:

  • Conviertan el movimiento en un plan de pareja, no en una obligación individual. La actividad física debería estar presente ya sea de forma individual o de manera conjunta con actividades que apetezcan a las dos partes, porque el movimiento compartido fortalece a uno mismo y también la relación. Una caminata después de cenar, una clase de baile, bicicleta el fin de semana: el ejercicio que se disfruta en pareja tiene mucho más continuidad que el que se hace por obligación a solas.
  • Cocinen juntos con intención. Cocinar juntos y cenar sin pantallas ni distracciones permite utilizar esos momentos para conversar y liberar parte del estrés que se acumula durante el día. La comida hecha en casa con ingredientes frescos es naturalmente más sana que la ordenada por domicilio. Y cocinar juntos es también un acto de conexión que sustituye otras formas de compartir más pasivas y sedentarias.
  • Planifiquen el menú semanal juntos. Generar una rutina de horarios comunes y planificar el menú conjuntamente ayuda a tomar decisiones más conscientes sobre lo que se va a cocinar. La decisión de qué comer tomada con hambre y sin plan casi siempre termina en algo procesado o en un domicilio. La planificación previa es el antídoto más efectivo.
  • Hablen de salud como proyecto compartido, no como crítica al cuerpo del otro. Aborden el tema como un compromiso compartido con el bienestar. Analicen sus metas de salud en pareja y elaboren un plan que incluya ejercicio regular y una dieta balanceada. Al priorizar juntos la salud, pueden apoyarse mutuamente para tomar mejores decisiones sobre su estilo de vida.
  • No eliminen los planes de comida, intégralos con movimiento. Las salidas a restaurantes, las reuniones familiares y las celebraciones son parte de la vida en pareja y no deben desaparecer. Lo que sí puede cambiar es el balance: si el sábado hay almuerzo familiar con comida abundante, el domingo podría ser el día de la caminata o el deporte.
  • Cuiden el sueño como parte del proyecto de salud. Dos personas que duermen bien tienen más energía para moverse, más claridad para elegir bien qué comer y menos cortisol acumulado que favorece la grasa abdominal. El sueño no es un lujo en una pareja con hijos: es parte del sistema de salud familiar.
  • Apliquen la técnica del 80/20. Los nutricionistas la describen como una forma de gestionar los hábitos sin extremismos: el 80% del tiempo, elecciones saludables y conscientes. El 20% restante, disfrutar sin culpa. Esa proporción, sostenida en el tiempo, es mucho más efectiva que cualquier régimen estricto que la pareja abandona a las tres semanas.

Lo que no funciona: errores frecuentes de las parejas que quieren controlar el peso juntas

  • Vigilar el plato del otro: genera resentimiento inmediato y puede derivar en conflictos que son más dañinos para la salud que los kilos mismos.
  • Hacer dietas restrictivas iguales para los dos sin considerar que los cuerpos son diferentes: los hombres tienen mayor masa muscular y mayor gasto calórico basal. Lo que funciona para uno puede ser insuficiente o excesivo para el otro.
  • Usar el cuerpo del otro como motivación negativa: frases como «antes estabas más delgado/a» o comparaciones con fotos antiguas son devastadoras para la autoestima y para el clima de la relación.
  • Hacer del ejercicio una penitencia conjunta: si ambos odian correr y lo hacen porque «hay que hacerlo», la actividad durará semanas. La clave es encontrar lo que a ambos les gusta.

Conclusión: casarse engorda, sí. Pero la causa no es el amor — es lo que hacemos con él

La ciencia no está diciendo que el matrimonio sea malo para la salud. Está diciendo que la comodidad emocional que trae la pareja estable tiende a relajar los hábitos que antes se mantenían por razones de atractivo social. Y esa relajación, acumulada en años de convivencia, explica gran parte del aumento de peso que las investigaciones documentan.

La solución no es menos felicidad ni menos confort emocional: es construir nuevas motivaciones para cuidarse que no dependan de la soltería. Moverse porque el cuerpo lo agradece, comer bien porque genera energía para disfrutar la vida en pareja, dormir bien porque la familia lo necesita. Cuando la salud se convierte en un proyecto compartido y no en una exigencia individual, las parejas no solo mantienen mejor el peso: también fortalecen el vínculo que las hace felices.

Redacción Altavoz360 · Salud y Pareja · Julio 2026

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